Un bot es un programa in­fo­r­má­ti­co au­to­ma­ti­za­do que ejecuta tareas digitales de forma autónoma. Por ejemplo, puede rastrear páginas web, responder mensajes en un chat o comparar precios. Los bots pueden seguir reglas pre­de­fi­ni­das o utilizar in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial. Por eso, sus apli­ca­cio­nes abarcan desde los ra­s­trea­do­res de motores de búsqueda, los chatbots y los agentes de IA hasta los bots de spam o phishing y las redes de bots, también conocidas como botnets.

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¿Qué es un bot?

El término “bot” procede de “robot”. Al igual que los robots mecánicos, los bots de Internet están pro­gra­ma­dos para realizar tareas es­pe­cí­fi­cas y re­pe­ti­ti­vas. Para ello, ejecutan in­s­tru­c­cio­nes cla­ra­me­n­te definidas mediante al­go­ri­t­mos y scripts, y pueden llevarlas a cabo con mucha más rapidez que una persona. Por tanto, los bots son programas in­fo­r­má­ti­cos que pueden ejecutar tareas sin in­te­r­ve­n­ción humana en cada paso, aunque no­r­ma­l­me­n­te requieren co­n­fi­gu­ra­ción y su­pe­r­vi­sión.

Uno de los primeros bots de la web, y ge­ne­ra­l­me­n­te co­n­si­de­ra­do el primer ra­s­trea­dor web, fue World Wide Web Wanderer , que se puso en fu­n­cio­na­mie­n­to en 1993 para medir el cre­ci­mie­n­to de la web y almacenar los datos re­co­pi­la­dos en un índice de­no­mi­na­do Wandex. Desde entonces, los ámbitos de apli­ca­ción de los bots se han di­ve­r­si­fi­ca­do co­n­si­de­ra­ble­me­n­te: se utilizan como chatbots en la atención al cliente, actúan como bots sociales en las redes sociales, analizan páginas web como ra­s­trea­do­res web o forman redes de bots que pueden uti­li­zar­se para llevar a cabo ataques de spam y phishing.

¿Cómo funciona un bot?

La forma más sencilla de entender cómo funciona un bot es co­m­pa­rar­lo con un robot físico. Sin embargo, en lugar de estar formado por piezas como tornillos, en­gra­na­jes, plástico o cables, un bot se compone de código. Este código contiene las órdenes e in­s­tru­c­cio­nes que de­te­r­mi­nan cómo procesa in­fo­r­ma­ción, responde a eventos e in­ter­ac­túa con usuarios, sistemas u otros programas.

El diseño de un bot puede ser muy sencillo, aunque algunos bots modernos también utilizan código complejo e in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial. Gracias a ello, en las redes sociales a veces resulta difícil di­s­ti­n­gui­r­los de los usuarios humanos. Hoy en día, incluso una persona sin co­no­ci­mie­n­tos avanzados de pro­gra­ma­ción puede crear un bot. Para ello, existen numerosas he­rra­mie­n­tas e in­te­r­fa­ces que permiten de­sa­rro­llar bots sencillos o más complejos.

A partir de los al­go­ri­t­mos definidos en el código, los bots pueden ejecutar tareas de distinta co­m­ple­ji­dad. La co­mu­ni­ca­ción suele pro­du­ci­r­se a través de pla­ta­fo­r­mas y servicios basados en Internet, como la me­n­sa­je­ría in­s­ta­n­tá­nea o el Internet Relay Chat (IRC).

¿Qué funciones puede tener un bot?

Las funciones y tareas de un bot pueden ser tan variadas como sus ámbitos de apli­ca­ción en Internet. Entre las más ha­bi­tua­les se en­cue­n­tran las si­guie­n­tes:

  • Au­to­ma­ti­zar in­ter­ac­cio­nes en pla­ta­fo­r­mas de me­n­sa­je­ría y redes sociales, como Facebook Messenger, X o WhatsApp.
  • Realizar de forma autónoma tareas de ex­tra­c­ción de datos o web scraping mediante la búsqueda, el análisis y la in­de­xa­ción de in­fo­r­ma­ción en páginas web, uti­li­za­n­do palabras clave, re­co­no­ci­mie­n­to de patrones o hashtags.
  • Generar re­s­pue­s­tas au­to­má­ti­cas a partir de palabras clave es­pe­cí­fi­cas, al­go­ri­t­mos o hashtags, por ejemplo, en chats, páginas web o servicios de atención al cliente.
  • Utilizar in­te­r­fa­ces con otras apli­ca­cio­nes y bots para ampliar sus funciones, por ejemplo, re­co­pi­la­n­do y mostrando datos de apli­ca­cio­nes me­teo­ro­ló­gi­cas o de tráfico.
  • Ofrecer y ejecutar servicios au­to­ma­ti­za­dos, como tra­du­c­cio­nes, pu­bli­ci­dad pe­r­so­na­li­za­da o la tra­mi­ta­ción de pedidos.
  • De­sem­pe­ñar funciones re­la­cio­na­das con juegos, como jugar al ajedrez.
  • También se pueden formar redes de bots para utilizar un conjunto de or­de­na­do­res con fines ma­li­cio­sos como el robo de datos, las estafas o los ataques DDoS.

¿Cómo se es­tru­c­tu­ra un bot?

Aunque su ar­qui­te­c­tu­ra depende de la finalidad, muchos bots pueden incluir los si­guie­n­tes co­m­po­ne­n­tes:

  1. Lógica de la apli­ca­ción o del flujo de trabajo: es el código eje­cu­ta­ble y legible por máquinas que define las funciones y el flujo de trabajo del bot.
  2. Base de datos: contiene los datos y la in­fo­r­ma­ción ese­n­cia­les que el programa consulta para de­sem­pe­ñar su función. En algunos sistemas, los datos se ac­tua­li­zan con la in­fo­r­ma­ción re­co­pi­la­da por el bot, como ocurre en los motores de búsqueda.
  3. API: las API (in­te­r­fa­ces de pro­gra­ma­ción de apli­ca­cio­nes) permiten utilizar funciones de otras apli­ca­cio­nes sin tener que pro­gra­mar­las desde cero. Mediante una API, el bot puede in­te­r­ca­m­biar datos con otros servicios o utilizar sus funciones.

Bots basados en reglas y bots con in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial

Los bots basados en reglas siguen árboles de decisión, palabras clave o reglas if-then-else pre­de­fi­ni­das. Los bots de IA con apre­n­di­za­je au­to­má­ti­co, en cambio, utilizan técnicas de in­te­li­ge­n­cia ar­ti­fi­cial para analizar las entradas con mayor fle­xi­bi­li­dad y generar re­s­pue­s­tas de forma más dinámica. Una modalidad es­pe­cia­l­me­n­te actual son los agentes de IA: pueden procesar so­li­ci­tu­des fo­r­mu­la­das en lenguaje natural, tener en cuenta el contexto y, según el sistema, consultar in­fo­r­ma­ción pro­ce­de­n­te de he­rra­mie­n­tas, bases de datos o API co­ne­c­ta­das.

Según sus finalidad, los bots basados en reglas y los bots con apre­n­di­za­je au­to­má­ti­co pueden dividirse en distintos grupos:

  1. Bots de co­mu­ni­ca­ción
  2. Bots de rastreo
  3. Bots de au­to­ma­ti­za­ción
  4. Bots de en­tre­te­ni­mie­n­to
  5. Bots ma­li­cio­sos

¿Qué tipos de bots legítimos existen?

Los bots pueden uti­li­zar­se en ámbitos muy diversos de Internet. En este apartado se presentan bots uti­li­za­dos ha­bi­tua­l­me­n­te con fines legítimos, aunque algunas de estas te­c­no­lo­gías también pueden emplearse de forma abusiva. Entre los tipos de bots más im­po­r­ta­n­tes se en­cue­n­tran los chatbots. Los chatbots sencillos basados en reglas siguen árboles de decisión, palabras clave o patrones de respuesta pre­de­fi­ni­dos. Son es­pe­cia­l­me­n­te adecuados para consultas es­ta­n­da­ri­za­das, como preguntas fre­cue­n­tes, reservas de citas o procesos de asi­s­te­n­cia sencillos. Sin embargo, alcanzan rá­pi­da­me­n­te sus límites cuando deben resolver so­li­ci­tu­des más complejas.

Los chatbots basados en LLM utilizan grandes modelos de lenguaje para in­te­r­pre­tar consultas fo­r­mu­la­das en lenguaje natural, tener en cuenta el contexto de la co­n­ve­r­sa­ción y generar re­s­pue­s­tas de forma dinámica. Esto permite uti­li­zar­los no solo en la atención al cliente, sino también para captar clientes po­te­n­cia­les, apoyar las ventas, consultar bases de co­no­ci­mie­n­to internas o realizar una primera cla­si­fi­ca­ción de las so­li­ci­tu­des de asi­s­te­n­cia. En co­m­bi­na­ción con un servicio de asi­s­te­n­cia por chat en directo, pueden responder consultas las 24 horas y derivar la co­n­ve­r­sa­ción a un agente humano cuando sea necesario.

Cuando los chatbots basados en LLM se conectan además con he­rra­mie­n­tas, bases de datos, API, funciones de memoria o flujos de trabajo, pueden funcionar como agentes co­n­ve­r­sa­cio­na­les de IA o chatbots de IA. Estos sistemas no solo responden preguntas, sino que, según las in­te­gra­cio­nes di­s­po­ni­bles, también pueden consultar in­fo­r­ma­ción, preparar tareas o ejecutar de­te­r­mi­na­das acciones. En este aspecto se di­fe­re­n­cian de los chatbots clásicos, que no­r­ma­l­me­n­te se limitan a reac­cio­nar ante las entradas de los usuarios. Un ejemplo de solución co­n­ve­r­sa­cio­nal lista para usar es el Asistente de chat con IA de IONOS. Entre otras funciones, puede ayudar a las empresas a recopilar y analizar las opiniones de los clientes, ide­n­ti­fi­car te­n­de­n­cias y detectar posibles mejoras.

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Otros bots legítimos ha­bi­tua­les son:

  • Bots sociales: término genérico que engloba los bots que actúan en las redes sociales y au­to­ma­ti­zan tareas como responder consultas, gestionar preguntas fre­cue­n­tes, enviar mensajes directos, comentar pu­bli­ca­cio­nes o realizar acciones como dar “Me gusta”, compartir, re­pu­bli­car y seguir cuentas.
  • Ra­s­trea­do­res web: recopilan y evalúan datos e in­fo­r­ma­ción de las páginas web para mejorar el fu­n­cio­na­mie­n­to de los motores de búsqueda y los co­m­pa­ra­do­res, descubrir y recopilar co­n­te­ni­dos para que los motores de búsqueda puedan in­de­xar­los y mo­s­trar­los en sus re­su­l­ta­dos.
  • Bots para vi­deo­jue­gos: controlan pe­r­so­na­jes o simulan jugadores, ad­ve­r­sa­rios o co­m­pa­ñe­ros dentro de un vi­deo­jue­go.
  • Bots de compras: comparan precios, co­m­prue­ban la di­s­po­ni­bi­li­dad de productos o avisan de cambios en las ofertas.
  • Bots de mo­ni­to­ri­za­ción: su­pe­r­vi­san el estado y la di­s­po­ni­bi­li­dad de una página web o un sistema.
Nota

Mediante el archivo robots.txt puedes indicar qué áreas pueden rastrear los bots que respetan el protocolo de exclusión de robots. Sin embargo, este archivo no funciona como un mecanismo de control de acceso ni garantiza que los co­n­te­ni­dos no puedan lo­ca­li­zar­se o indexarse por otros medios.

¿Qué tipos de bots ma­li­cio­sos existen y cómo funcionan?

Los bots de­sem­pe­ñan muchas funciones útiles. Sin ellos, servicios como los motores de búsqueda, la me­n­sa­je­ría in­s­ta­n­tá­nea o los co­m­pa­ra­do­res no fu­n­cio­na­rían del mismo modo. Aun así, suelen asociarse con el malware y los ci­ber­ata­ques. Esto se debe a que algunos tipos de bots se de­sa­rro­llan es­pe­cí­fi­ca­me­n­te con fines ilícitos o pe­r­ju­di­cia­les.

Entre los bots ma­li­cio­sos más ha­bi­tua­les se en­cue­n­tran los si­guie­n­tes:

  • Bots de pro­pa­ga­n­da o ma­ni­pu­la­ción: bots sociales que simulan perfiles de usuarios e intentan influir en la opinión pública. Pueden difundir mensajes políticos ma­ni­pu­la­do­res, noticias falsas o teorías de la co­n­s­pi­ra­ción, así como reac­cio­nar au­to­má­ti­ca­me­n­te a co­me­n­ta­rios y pu­bli­ca­cio­nes mediante palabras clave.
  • Bots de estafa o phishing: tratan de obtener datos pe­r­so­na­les o cre­de­n­cia­les mediante mensajes, enlaces y páginas web frau­du­le­n­tas que imitan servicios legítimos.
  • Bots con funciones de ke­y­lo­g­gi­ng: registran las teclas que se pulsan y otras ac­ti­vi­da­des rea­li­za­das en un di­s­po­si­ti­vo para almacenar la in­fo­r­ma­ción o enviarla a terceros.
  • Bots que di­s­tri­bu­yen malware: responden a de­te­r­mi­na­das búsquedas ofre­cie­n­do enlaces que su­pue­s­ta­me­n­te conducen al contenido so­li­ci­ta­do. Al abrirlos o descargar los archivos, el di­s­po­si­ti­vo del usuario puede in­fe­c­tar­se con malware.
  • Bots de spam: envían grandes ca­n­ti­da­des de correos ele­c­tró­ni­cos no deseados y pueden utilizar las libretas de di­re­c­cio­nes o los contactos de di­s­po­si­ti­vos co­m­pro­me­ti­dos para ampliar su alcance.
  • Di­s­po­si­ti­vos zombi: or­de­na­do­res, se­r­vi­do­res o di­s­po­si­ti­vos IoT in­fe­c­ta­dos y co­n­tro­la­dos a distancia como parte de una botnet. Pueden aportar capacidad de pro­ce­sa­mie­n­to o conexión para ejecutar ataques coor­di­na­dos sin que sus pro­pie­ta­rios sean co­n­s­cie­n­tes de ello.
  • Redes de bots o botnets: conjuntos de di­s­po­si­ti­vos in­fe­c­ta­dos y co­n­tro­la­dos de forma coor­di­na­da, por ejemplo, para llevar a cabo ataques DDoS, di­s­tri­buir spam, robar datos o probar cre­de­n­cia­les su­s­traí­das.
Nota

Según el Thales Bad Bot Report 2026, los bots generaron alrededor del 53 % del tráfico web observado en 2025. Los bots ma­li­cio­sos re­pre­se­n­ta­ron apro­xi­ma­da­me­n­te el 40 % del tráfico total analizado.

¿Qué tipos de ataques pueden ejecutar las botnets?

Las redes de bots o botnets pueden uti­li­zar­se para llevar a cabo distintos tipos de ac­ti­vi­da­des ilícitas. Entre las más ha­bi­tua­les se en­cue­n­tran las si­guie­n­tes:

  • Robo de datos e identidad: mediante técnicas como el scraping, el phishing o el registro de pu­l­sa­cio­nes para obtener co­n­tra­se­ñas, datos bancarios, di­re­c­cio­nes u otra in­fo­r­ma­ción co­n­fi­de­n­cial.
  • Ataques di­s­tri­bui­dos de de­ne­ga­ción de servicio (DDoS): generan un volumen masivo de so­li­ci­tu­des o tráfico para so­bre­ca­r­gar se­r­vi­do­res, apli­ca­cio­nes o servicios y di­fi­cu­l­tar o impedir su fu­n­cio­na­mie­n­to.
  • Di­s­tri­bu­ción de malware: los di­s­po­si­ti­vos de una botnet pueden uti­li­zar­se para propagar software malicioso, explotar vu­l­ne­ra­bi­li­da­des o facilitar el acceso no au­to­ri­za­do a otros sistemas.
  • Envío masivo de spam: las botnets permiten di­s­tri­buir grandes ca­n­ti­da­des de mensajes no deseados o frau­du­le­n­tos desde numerosos di­s­po­si­ti­vos co­m­pro­me­ti­dos.

Entre los ataques au­to­ma­ti­za­dos a gran escala más fre­cue­n­tes se en­cue­n­tran, además de los ataques DDoS y el spam y robo au­to­ma­ti­za­do de datos:

  • Ataques de de­ne­ga­ción de in­ve­n­ta­rio: reservan o añaden productos de forma au­to­ma­ti­za­da a los carritos de compra para aparentar que están agotados e impedir que otros clientes los adquieran.
  • Ataques de scraping: extraen co­n­te­ni­dos, precios u otros datos de forma masiva, en ocasiones in­fri­n­gie­n­do re­s­tri­c­cio­nes de acceso, derechos o co­n­di­cio­nes de uso.
  • Ataques de relleno de cre­de­n­cia­les: prueban au­to­má­ti­ca­me­n­te pares de nombres de usuario y co­n­tra­se­ñas pro­ce­de­n­tes de fi­l­tra­cio­nes de datos.

Co­n­clu­sión

Los bots legítimos pueden ayudarte a si­m­pli­fi­car y au­to­ma­ti­zar numerosas tareas, es­pe­cia­l­me­n­te en ámbitos como la atención al cliente, la mo­ni­to­ri­za­ción, la búsqueda de in­fo­r­ma­ción o el marketing online. Al mismo tiempo, la gestión de bots debería formar parte de la es­tra­te­gia de ci­be­r­se­gu­ri­dad de tu empresa. Una solución adecuada puede ayudar a ide­n­ti­fi­car tráfico au­to­ma­ti­za­do, limitar co­m­po­r­ta­mie­n­tos ma­li­cio­sos y permitir el acceso de ra­s­trea­do­res o servicios au­to­ri­za­dos.

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