.log son archivos de registro creados por se­r­vi­do­res y sistemas ope­ra­ti­vos tanto para analizar y ayudar a so­lu­cio­nar problemas como para mejorar el sistema. Los archivos .log se pueden abrir con editores de texto co­n­ve­n­cio­na­les, ya que la mayoría de ellos se crearon con un formato de texto.

¿Qué es un archivo .log?

Los or­de­na­do­res, se­r­vi­do­res y routers ejecutan varios comandos y procesos en cada operación que llevan a cabo. Lo ideal es que todo funcione bien y que el sistema en cuestión no tenga problemas. Sin embargo, si se producen errores y problemas o es necesario optimizar procesos, ha de haber una forma de comprobar y analizar los procesos. Por esta razón, los sistemas más comunes crean archivos .log que actúan como una especie de diario o registro para el sistema. Los archivos .log registran todos los procesos para que puedan ser co­n­su­l­ta­dos po­s­te­rio­r­me­n­te. En un documento .log se suele anotar en texto claro los distintos eventos im­po­r­ta­n­tes en el sistema.

Los usuarios pueden comprobar a po­s­te­rio­ri cómo se han podido producir ciertos errores o de­te­r­mi­nar si se han llevado a cabo acciones no deseadas en un sistema. Algunos archivos .log permiten recuperar datos borrados o perdidos. También es im­po­r­ta­n­te tener en cuenta que un archivo .log suele tener un de­te­r­mi­na­do tamaño máximo, ya que, una vez alcanzado el límite máximo, las entradas re­gi­s­tra­das con mayor an­te­rio­ri­dad se eliminan au­to­má­ti­ca­me­n­te para dar paso a las entradas nuevas.

¿Qué es­tru­c­tu­ra tiene un archivo .log?

Los archivos .log se suelen orientar co­m­ple­ta­me­n­te a filas, creándose una nueva fila para cada evento. De­pe­n­die­n­do del tipo de archivo .log, la fila más reciente se puede in­tro­du­cir en la parte superior o inferior del documento. Las demás filas o entradas se es­tru­c­tu­ran ri­gu­ro­sa­me­n­te en orden cro­no­ló­gi­co. A fin de poder orie­n­tar­se mejor, cada fila o entrada in­di­vi­dual tiene una marca de tiempo que pro­po­r­cio­na in­fo­r­ma­ción sobre la fecha y hora exacta de la acción.

¿Qué in­fo­r­ma­ción contiene un archivo .log?

A parte del orden cro­no­ló­gi­co, cada entrada en un archivo .log tiene más in­fo­r­ma­ción im­po­r­ta­n­te. En función del tipo de archivo .log, cada entrada incluye el origen de la acción (por ejemplo, en forma de dirección IP), el sistema de destino, la urgencia del mensaje en el caso de las entradas críticas o de alerta, así como in­fo­r­ma­ción adicional sobre el tipo de acción. Pueden registrar los nombres de los usuarios, los datos so­li­ci­ta­dos, la respuesta del sistema de­s­ti­na­ta­rio, los nombres de los archivos o el volumen de un conjunto de datos tra­n­s­fe­ri­do.

¿Qué formatos existen para un archivo .log?

La mayoría de los archivos .log utilizan co­di­fi­ca­cio­nes de ca­ra­c­te­res del tipo ASCII y se almacenan en forma de texto. Los formatos más conocidos son Microsoft IIS3.0, NCSA, O'Reilly o W3SVC. Además, existen formatos es­pe­cia­les como ELF (Extended Log Format) y CLF (Common Log Format). Con un poco de práctica se pueden leer y analizar los ficheros log de forma rápida.

¿Cómo se puede abrir un archivo .log?

La mayoría de los archivos .log son do­cu­me­n­tos de texto sencillos, por lo que también pueden abrirse y leerse con editores de texto co­n­ve­n­cio­na­les. Algunos de los programas de edición de texto son, por ejemplo:

  • Apple Console
  • Apple Text Edit
  • Bean
  • Cream
  • jEdit
  • Microsoft Notepad
  • Microsoft Word
  • Ope­nO­f­fi­ce Writer
  • Smultron

Comprueba los archivos .log con re­gu­la­ri­dad

Aunque el propósito de .log es la usa­bi­li­dad, el sistema también recoge una gran cantidad de datos pe­r­so­na­les. Por lo tanto, conviene controlar los archivos .log y ase­gu­rar­se de que el sistema elimina re­gu­la­r­me­n­te las entradas an­ti­cua­das. De lo contrario, no solo ocupan espacio de al­ma­ce­na­mie­n­to, sino que también suponen un riesgo para la seguridad. Deberías, por ende, crear backups re­gu­la­r­me­n­te y hacer una limpieza del disco duro po­s­te­rio­r­me­n­te.

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