Un cliente sa­ti­s­fe­cho es un cliente feliz, pero ¿qué abarca el término sa­ti­s­fa­c­ción del cliente? En la empresa, este es un factor de­te­r­mi­na­n­te en muchos aspectos. Por este motivo, no tener una idea exacta de lo que significa la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente, cómo puede medirse y qué puede hacerse para convertir a un cliente in­sa­ti­s­fe­cho en uno sa­ti­s­fe­cho, es fatal. Te ex­pli­ca­mos por qué.

Sa­ti­s­fa­c­ción del cliente: de­fi­ni­ción básica

La sa­ti­s­fa­c­ción se da siempre que se cumple una ex­pe­c­ta­ti­va y si las ex­pe­c­ta­ti­vas se so­bre­pa­san, la sa­ti­s­fa­c­ción será aún mayor. Pero si las es­pe­ra­n­zas y los deseos se quedan sin cumplir, en la vida pro­fe­sio­nal o en cualquier aspecto de nuestra vida privada, nos sentimos in­sa­ti­s­fe­chos. En una relación comercial, no obstante, la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente ha de ser siempre una prioridad. Este es un factor clave que decide, por ejemplo, si un comprador ocasional se convierte en un cliente habitual, porque, para que esto ocurra, el cliente ha de tener el mayor número posible de ex­pe­rie­n­cias positivas en su customer journey.

La sa­ti­s­fa­c­ción del cliente está ín­ti­ma­me­n­te ligada a la relación entre la empresa y las personas y, con ello, se inscribe en el marco del marketing psi­co­ló­gi­co. La finalidad de una empresa es mejorar la ex­pe­rie­n­cia del cliente y enviarle muchas señales positivas antes, durante y tras la compra. Aquí in­te­r­vie­nen varios factores re­le­va­n­tes: por un lado, un buen producto y un buen servicio a un precio justo de­sem­pe­ñan un rol clave; por el otro, los servicios de asesoría y atención o el diseño de la tienda, online y física, influyen también en la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente.

Para medir la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente es necesario llevar a cabo encuestas de forma regular. Las re­s­pue­s­tas de la clientela ya permiten hacerse una idea general sobre el nivel de sa­ti­s­fa­c­ción y qué puntos requieren un reajuste.

La sa­ti­s­fa­c­ción del cliente puede ex­pli­car­se con el llamado modelo de la co­n­fi­r­ma­ción de ex­pe­c­ta­ti­vas (ex­pe­c­ta­tion co­n­fi­r­ma­tion theory), a veces también de­no­mi­na­do paradigma di­s­co­n­fi­r­ma­to­rio. Este modelo co­n­tra­po­ne la ex­pe­c­ta­ti­va a la realidad, donde la ex­pe­c­ta­ti­va nace de los deseos del cliente y la realidad equivale al estado actual del producto, el servicio o la empresa. La di­fe­re­n­cia entre uno y otro determina la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente:

  • Realidad < Deseo: cuando no se cumplen las ex­pe­c­ta­ti­vas del cliente, nace la in­sa­ti­s­fa­c­ción. Se habla aquí de di­s­co­n­fo­r­mi­dad negativa.
  • Real = Ideal: en la co­n­fo­r­mi­dad, las ex­pe­c­ta­ti­vas del cliente se co­rre­s­po­n­den con exactitud al estado del producto. Cabe deducir que está sa­ti­s­fe­cho.
  • Real > Ideal: si las ex­pe­c­ta­ti­vas del cliente se ven superadas, se habla de di­s­co­n­fo­r­mi­dad positiva. Con ella se in­cre­me­n­ta la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente.

¿Qué si­g­ni­fi­ca­do tiene la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente para la empresa?

El propósito de cualquier empresa es generar beneficio, es decir, el máximo volumen de negocio al mínimo coste posible. Pero, sin una clientela que compre el producto o contrate los servicios, esto no se logrará nunca, por eso es crucial captar al cliente (tarea del marketing en su sentido clásico) y ma­n­te­ne­r­lo después de la primera compra. Es aquí donde entra en juego la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente; si tras la primera compra, está sa­ti­s­fe­cho con ella y con el servicio recibido de la empresa, co­n­si­de­ra­rá realizar otra.

Pero la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente también tiene otros efectos. Un cliente sa­ti­s­fe­cho establece un vínculo duradero con la empresa, co­n­tri­bu­ye­n­do así a su éxito en el futuro. Además, hablará de su ex­pe­rie­n­cia positiva a otras personas, con lo que actuará de embajador de la marca sin saberlo.

Sa­ti­s­fa­c­ción

Cuando las cosas se hacen bien y se cuenta con la sa­ti­s­fa­c­ción de la clientela, se obtienen otros be­ne­fi­cios:

  • Lealtad del cliente: un cliente sa­ti­s­fe­cho sentirá una cierta lealtad hacia la empresa y volverá a tomar en co­n­si­de­ra­ción un producto de su catálogo en su siguiente compra (de la misma o de una categoría diferente).
  • Fidelidad del cliente: cuando la sa­ti­s­fa­c­ción de un cliente es continua, se siente ligado a la empresa y comprará sus productos sin siquiera comparar con otro proveedor.
  • Escasa se­n­si­bi­li­dad a los cambios de precio: un cliente contento con los servicios de una empresa tampoco se asusta cuando los precios varían.
  • Di­s­po­si­ción a re­co­me­n­dar: una elevada sa­ti­s­fa­c­ción asegura que el cliente re­co­mie­n­de la oferta en su círculo privado.

Si logras atraer a un cliente y ma­n­te­ne­r­lo en el largo término, puedes pla­ni­fi­car con una mayor seguridad y reducir los costes de ad­qui­si­ción de clientes. Siempre será más rentable mantener a un cliente que seducir a uno de­s­co­no­ci­do con tu oferta.

In­sa­ti­s­fa­c­ción

Un cliente di­s­gu­s­ta­do, por el contrario, puede acarrear graves co­n­se­cue­n­cias para el negocio. No solo se pierde una segunda compra, sino que cabe la po­si­bi­li­dad de que cuente a otros su mala ex­pe­rie­n­cia, con las pérdidas que esto puede si­g­ni­fi­car.

  • Re­cla­ma­cio­nes: al dirigir a la empresa su fru­s­tra­ción, un cliente in­sa­ti­s­fe­cho necesita mucha atención para lograr cambiar su opinión.
  • Di­s­ta­n­cia­mie­n­to: si la in­sa­ti­s­fa­c­ción es muy grande, la empresa ya no de­sem­pe­ña­rá ningún papel más en sus futuras compras.
  • Pro­pa­ga­n­da negativa: cuando se ha tenido una mala ex­pe­rie­n­cia, suele contarse a otras personas. A menudo se utilizan las pla­ta­fo­r­mas de Internet para avisar a otros co­n­su­mi­do­res de una mala ex­pe­rie­n­cia.

Para evitar que un cliente di­s­gu­s­ta­do se convierta en uno airado, una gestión cuidadosa de las re­cla­ma­cio­nes es fu­n­da­me­n­tal. Esto hace im­pre­s­ci­n­di­ble formar a los empleados del servicio de atención al cliente para atender a la (quizás in­ju­s­ti­fi­ca­da) crítica de los clientes.

¿Cómo saber si tus clientes están sa­ti­s­fe­chos?

Para evaluar la sa­ti­s­fa­c­ción de los clientes, debe co­n­su­l­tar­se su opinión con re­gu­la­ri­dad. Esto puede llevarse a cabo por correo, en los locales co­me­r­cia­les o en Internet. El análisis de las re­s­pue­s­tas dará una idea general de su nivel de sa­ti­s­fa­c­ción, pero solo será posible de­sa­rro­llar es­tra­te­gias de op­ti­mi­za­ción si de ellas se extraen in­di­ca­do­res exactos que permitan el análisis a largo plazo.

Customer Sa­ti­s­fa­c­tion Score (CSAT)

El valor CSAT refleja la sa­ti­s­fa­c­ción general. Si se di­s­tri­bu­ye una encuesta con preguntas estándar, en la que los clientes han de valorar su sa­ti­s­fa­c­ción en relación con diversos factores (p. ej., de 1 muy in­sa­ti­s­fe­cho a 5 muy sa­ti­s­fe­cho), para calcular el CSAT solo se tomarán como re­fe­re­n­cia las dos pu­n­tua­cio­nes más altas (4 y 5), es decir, las re­s­pue­s­tas de los clientes sa­ti­s­fe­chos. El número de estas re­s­pue­s­tas se dividirá entonces entre el número de fo­r­mu­la­rios que se han cu­m­pli­me­n­ta­do y mu­l­ti­pli­ca­rá por 100. El resultado dará el po­r­ce­n­ta­je de clientes sa­ti­s­fe­chos con los servicios.

Net Promoter Score (NPS)

Para medir la fidelidad, que depende en gran medida de la sa­ti­s­fa­c­ción, se utiliza el Net Promoter Score. En esta ocasión, solo se hace una pregunta: “¿Qué pro­ba­bi­li­dad hay de que re­co­mie­n­de la empresa a un conocido?”. El cliente podrá puntuar esta pro­ba­bi­li­dad entre un 0 (muy poco probable) a un 10 (muy probable). En el análisis, las re­s­pue­s­tas se organizan en tres ca­te­go­rías: todas las re­s­pue­s­tas que oscilan entre el 9 y el 10 se co­n­si­de­ran de clientes “promoter”, es decir, em­ba­ja­do­res de marca; las que se quedaron en el tramo del 7 y el 8 se co­n­si­de­ran in­di­fe­re­n­tes, y todas las demás, se cuentan como opiniones de­tra­c­to­ras.

Para calcular el NPS se resta el po­r­ce­n­ta­je de todos los de­tra­c­to­res al de los pro­mo­cio­na­do­res. El resultado podría ser negativo, lo que sería una mala señal para tu empresa.

Otros in­di­ca­do­res

Junto a estos in­di­ca­do­res estándar, también pueden aplicarse otros es­pe­cí­fi­cos. El número de re­cla­ma­cio­nes, por ejemplo, es un factor in­te­re­sa­n­te. En este sentido, echa un vistazo a cómo los co­n­su­mi­do­res in­ter­ac­túan con tu marca en las redes sociales. Si en el perfil de la empresa o en portales de empleo se habla de forma positiva de la empresa y de sus productos y servicios, puede suponerse que reina una sa­ti­s­fa­c­ción general. En cierta manera, las ventas también son un indicador de la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente: si observas un cierto número de compras hechas por clientes fijos, puedes suponer que están sa­ti­s­fe­chos.

Qué puede al­ca­n­zar­se con los in­di­ca­do­res de sa­ti­s­fa­c­ción del cliente

Cuando se recopilan datos sobre sa­ti­s­fa­c­ción, estos han de ana­li­zar­se po­s­te­rio­r­me­n­te. Este es uno de los motivos por los que es im­po­r­ta­n­te llevar a cabo encuestas de forma regular y cotejable. Solo así puede ob­se­r­var­se a lo largo del tiempo si la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente disminuye, si las medidas que se han tomado dan frutos o si la situación ha empeorado.

Pero también pueden usarse para abordar problemas concretos, dando la opo­r­tu­ni­dad a los clientes de mencionar la razón de su in­sa­ti­s­fa­c­ción. Si con fre­cue­n­cia se nombran los mismos puntos, puedes de­sa­rro­llar es­tra­te­gias con los empleados, tendentes a so­lu­cio­nar los problemas para, fi­na­l­me­n­te, entregar un producto mejorado.

Nota

Las encuestas de sa­ti­s­fa­c­ción pueden in­te­grar­se en la gestión de la calidad, que puede ce­r­ti­fi­car­se según la ISO 9001.

In­cre­me­n­tar la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente

Como se ha dicho arriba, un primer paso consiste en consultar re­gu­la­r­me­n­te a la clientela. Si no es­ta­ble­ces contacto con tus clientes, no puedes saber qué esperan de tu empresa y tus servicios y, a partir de los re­su­l­ta­dos, puedes esbozar tu es­tra­te­gia a seguir. Por poner un ejemplo, en las si­tua­cio­nes en que la empresa y el cliente entran en contacto, como el teléfono de asi­s­te­n­cia o en la tienda, suele generarse mucha in­sa­ti­s­fa­c­ción. Es aquí donde podría in­ve­r­ti­r­se en formación para que los empleados aprendan a gestionar estas si­tua­cio­nes en­co­n­tra­n­do el tono adecuado. No en vano, la co­n­so­li­da­ción de una gestión efectiva de re­cla­ma­cio­nes co­n­tri­bu­ye a aumentar la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente.

Con todo, en el sector no está claro del todo si es mejor sa­ti­s­fa­cer las ex­pe­c­ta­ti­vas o su­pe­rar­las. Ser capaz de co­me­r­cia­li­zar un producto de tal forma que se sa­ti­s­fa­gan deseos del cliente que ni él mismo sabía que tenía parece, de entrada, una gran ventaja sobre la co­m­pe­te­n­cia. Con todo, cabe pre­gu­n­tar­se a cambio de qué, porque superar las ex­pe­c­ta­ti­vas implica una inversión enorme, mientras que el resultado es apenas mejor a la simple sa­ti­s­fa­c­ción de los deseos del cliente.

En parte, son las promesas del proveedor las que generan las ex­pe­c­ta­ti­vas. Si se asegura una cierta pre­s­ta­ción y no puede cumplirse siempre, la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente se reduce. Esto quiere decir que, o bien se reajusta la promesa, o se invierte en sa­ti­s­fa­cer las ex­pe­c­ta­ti­vas que se han creado.

En última instancia, la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente mejora cuando la calidad del producto o del servicio se optimiza y, si tienes en cuenta las ne­ce­si­da­des de tu clientela, es muy probable que a tu empresa le vaya muy bien mucho tiempo.

Consejo

El modelo Kano también se centra en la sa­ti­s­fa­c­ción del cliente, aunque en este caso se aplica antes de in­tro­du­cir el producto en el mercado con el fin de ajustarlo lo mejor posible a los deseos y ne­ce­si­da­des de sus futuros co­m­pra­do­res.

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