Cuando se gestiona una empresa o se tiene algún tipo de actividad mercantil es casi imposible evitar las tareas de co­n­ta­bi­li­dad. Esta garantiza un retrato fiel de la situación económica y fi­na­n­cie­ra de la empresa y permite elaborar los estados contables anuales y en­tre­gar­los en el Registro Mercantil con datos veraces, así como declarar los impuestos co­rre­s­po­n­die­n­tes a la Agencia Tri­bu­ta­ria. Y esto sin olvidar que llevar una co­n­ta­bi­li­dad ac­tua­li­za­da no solo facilita la pla­ni­fi­ca­ción avanzada de pagos o de in­ve­r­sio­nes, sino también tener una idea realista de la re­n­ta­bi­li­dad de la empresa.

El principio de partida doble, la forma más antigua de llevar la co­n­ta­bi­li­dad, hace posible registrar (asentar) todas las ope­ra­cio­nes co­me­r­cia­les de la empresa de forma clara e ine­quí­vo­ca. Ahora bien, ¿cuándo es obli­ga­to­rio llevar una co­n­ta­bi­li­dad de doble partida? ¿Qué son los asientos contables y cómo se escriben los gastos e ingresos? A co­n­ti­nua­ción ex­pli­ca­mos los pri­n­ci­pios básicos de la co­n­ta­bi­li­dad de partida doble y de­ta­lla­mos lo qué hay que tener en cuenta.

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¿Qué es la co­n­ta­bi­li­dad de partida doble?

La co­n­ta­bi­li­dad que sigue la gran mayoría de las empresas viene de­te­r­mi­na­da por la historia de los in­te­r­ca­m­bios me­r­ca­n­ti­les. Si bien hay hallazgos an­te­rio­res que ya do­cu­me­n­tan una co­n­ta­bi­li­dad primitiva, en general suele tomarse como re­fe­re­n­cia del origen de la partida doble al monje fra­n­ci­s­cano Luca Paccioli (Fray Luca Ba­r­to­lomeo de Pacioli), quien en el siglo XV publicó “Summa de ari­th­me­ti­ca, geometria, pro­po­r­tio­ni et pro­po­r­tio­na­li­tà” (Venecia, 1494). Con la Summa, el ma­te­má­ti­co y contador po­pu­la­ri­zó y es­ta­n­da­ri­zó un método de co­n­ta­bi­li­dad basado en el equi­li­brio entre di­fe­re­n­tes cuentas, el llamado principio de la partida doble.

El método de la partida doble se fu­n­da­me­n­ta en dos pri­n­ci­pios básicos:

  1. “Quien recibe debe a quien entrega”
  2. “No existe deudor sin acreedor, ni acreedor sin deudor”

En co­n­ta­bi­li­dad nada se crea por sí solo y una entrada en una cuenta significa que sale de otra: todo lo que se recibe se debita y lo que se entrega se acredita. Esto explica el mecanismo que sostiene la co­n­ta­bi­li­dad, esto es, que toda entrada ocasiona una salida y viceversa, de forma que al final del ejercicio resulta un balance entre entradas y salidas que es el que, en de­fi­ni­ti­va, garantiza un estado saludable de las cuentas.

En la partida doble, el valor positivo co­rre­s­po­n­de a un débito (lo que se tiene, se debe, activo) y el negativo a un crédito (lo que se da, se acredita, pa­tri­mo­nio / pasivo). Un valor se ha de anotar en dos cuentas al menos pero puede darse el caso de requerir más de dos cuentas. Si un valor se anota en dos cuentas se trata de un asiento simple o sencillo porque los registros se anotan en una cuenta que se carga y en otra que abona. Si in­te­r­vie­nen más de dos cuentas (en el caso que se ad­qui­rie­ra una mercancía y se pagara en efectivo y en crédito), se trata de asientos co­m­pue­s­tos o dobles.  En ambos casos ha de ga­ra­n­ti­zar­se el equi­li­brio entre lo que sale y lo que entra de forma que se mantenga el equi­li­brio o balance en las cuentas.

Esto se puede entender si pensamos en cómo se debería anotar un ingreso pro­ce­de­n­te de una venta: por un lado, una de­te­r­mi­na­da cantidad entra en caja (cuenta 1), mientras que por otra (cuenta 2) esta cantidad sale en concepto del valor de la mercancía que ha salido, que ha de ser equi­va­le­n­te. Este mo­vi­mie­n­to ha de implicar al menos a dos cuentas di­fe­re­n­tes, puesto que, y este es otro de los pri­n­ci­pios de la co­n­ta­bi­li­dad de doble entrada, “una cuenta da al tiempo que otra recibe”. El ingreso se anotaría, según la partida doble, en el “debe” de la cuenta de caja (cuenta 1) y en el “haber” se anotaría el valor de la mercancía vendida (cuenta 2).

Estos son algunos de los pri­n­ci­pios que fu­n­da­me­n­tan la partida doble:

1. Quien recibe es deudor, quien entrega es acreedor. (Lo que se tiene se debe)

2. No hay deudor sin acreedor, ni acreedor sin deudor. (Los recursos no surgen por sí solos, sino que proceden de algún sitio)

3. Todo valor que entra debe ser igual al valor que sale. (Base del equi­li­brio de la ecuación pa­tri­mo­nial)

4. Todo valor que entra por una cuenta debe salir por la misma cuenta. (Una cuenta se debe poder anular de la misma forma que se crea)

¿Qué empresas deben llevar una co­n­ta­bi­li­dad de partida doble?

Según establece el Plan General de Co­n­ta­bi­li­dad, todas las empresas, a excepción de las personas físicas (autónomos), están obligadas a llevar co­n­ta­bi­li­dad de partida doble, que en España es la única. Las únicas obli­ga­cio­nes re­gi­s­tra­les de los autónomos co­m­pre­n­den el registro pe­r­ma­ne­n­te de los ingresos (facturas emitidas) y el registro pe­r­ma­ne­n­te de los gastos (facturas recibidas). Estos libros sirven para calcular las de­cla­ra­cio­nes tri­bu­ta­rias (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas o IRPF y el Impuesto sobre el Valor Añadido o IVA) y pueden ser re­que­ri­dos por Hacienda en caso de in­s­pe­c­ción.

Sin embargo, al ser un in­s­tru­me­n­to tan útil para de­te­r­mi­nar la salud fi­na­n­cie­ra de un negocio, suele llevarse una co­n­ta­bi­li­dad pro­fe­sio­nal de partida doble en la mayoría de empresas.

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In­fo­r­ma­ción

el Plan General de Co­n­ta­bi­li­dad es el texto legal que regula la co­n­ta­bi­li­dad en España y viene de­te­r­mi­na­do por el Real Decreto 1514/2007, que pretendía adaptarla a las Normas In­te­r­na­cio­na­les de In­fo­r­ma­ción Fi­na­n­cie­ra (NIIF o IFRS, In­te­r­na­tio­nal Financial Reporting Standards), que fueron adoptadas por la Unión Europea. Re­co­gie­n­do como normas contables las es­ta­ble­ci­das en el Código de Comercio por el Instituto de Co­n­ta­bi­li­dad y Auditoría de Cuentas (ICAC) o en la le­gi­s­la­ción aplicable, el Plan establece qué cuentas anuales han de presentar las empresas al final del ejercicio y de qué forma se redactan.

¿Cómo funciona el principio de la partida doble?

El pro­ce­di­mie­n­to expuesto por el precursor de la pro­ba­bi­li­dad Luca Paccioli en el siglo XV, de­no­mi­na­do en ocasiones como “método veneciano” por ser la forma de co­n­ta­bi­li­dad llevada por los co­me­r­cia­n­tes italianos en los albores del Re­na­ci­mie­n­to, consiste en registrar en el libro diario todas las ope­ra­cio­nes a medida que se van pro­du­cie­n­do en función de su entrada y su salida de las cuentas y pasarlos dia­ria­me­n­te al libro mayor al tiempo que se cla­si­fi­can en las cuentas co­rre­s­po­n­die­n­tes. Es a partir de este que se obtienen los datos para elaborar los estados fi­na­n­cie­ros anuales.

La co­n­ta­bi­li­dad de partida doble equivale a una balanza en equi­li­brio ya que, co­n­si­de­ra­n­do el pa­tri­mo­nio total de una empresa, ninguna operación puede si­g­ni­fi­car una pérdida. Si un elemento disminuye ha de ser porque otro aumenta (si entra en una cuenta, sale de otra), como en el ejemplo de la venta de mercancía que vimos an­te­rio­r­me­n­te, según el principio fu­n­da­me­n­tal de “No hay deudor sin acreedor, ni acreedor sin deudor”. Es por esto que cada operación se anota dos veces, al “debe” de una cuenta y al “haber” de otra, y ambos valores han de estar en “equi­li­brio”. La partida doble se en­ca­r­ga­ría de registrar los efectos de las ope­ra­cio­nes co­me­r­cia­les en los di­fe­re­n­tes elementos o cuentas del balance para que la ecuación siempre quede equi­li­bra­da.

Tra­di­cio­na­l­me­n­te el “débito” (o lo que entra) se ha apuntado siempre a la izquierda y el “crédito” (o lo que sale) a la derecha, co­n­s­ti­tu­ye­n­do una cuenta mayor, de­no­mi­na­da po­pu­la­r­me­n­te cuenta “T” por su es­tru­c­tu­ra. La cuenta en co­n­ta­bi­li­dad se re­pre­se­n­ta con una T de brazos largos o de “doble columna” y sus partes son: Debe, Haber y Nombre de la cuenta.

Las cuentas “T” en la co­n­ta­bi­li­dad de partida doble

Cada cuenta equivale a un concepto del balance y en ellas se registran los aumentos y las di­s­mi­nu­cio­nes oca­sio­na­dos por la actividad de la empresa. Un ejemplo de cuenta podría ser una cuenta de “Caja”, que registra la entrada o la salida de efectivo. La de­no­mi­na­ción de la cuenta ha de dar una idea ine­quí­vo­ca del concepto que se registra:

  1. El dinero que una empresa posee en efectivo se re­pre­se­n­ta con la cuenta "Caja".
  2. Los artículos que el co­me­r­cia­n­te compra para revender quedan re­pre­se­n­ta­dos con la cuenta "Me­r­ca­de­rías".
  3. La venta de las me­n­cio­na­das me­r­ca­de­rías se re­pre­se­n­ta con la cuenta "Ventas".
  4. Y el gasto por el alquiler del local puede re­pre­se­n­tar­se con la cuenta "Al­qui­le­res".

Como se ve en el dibujo anterior, cada cuenta tiene dos columnas para registrar por separado cada partida, la del in­cre­me­n­to y la de la di­s­mi­nu­ción, y se denominan “Debe” y “Haber”: al anotar algo en el “Debe” se carga o debita una cuenta y cuando se anota algo en el “Haber” se abona o acredita:

  • DEBE: es la parte de la cuenta donde se anotan los débitos o partidas in­gre­sa­das. Conviene recordar que la palabra en sí no significa nada más que el nombre que se asigna a la columna izquierda de la cuenta.
  • HABER: es la parte de la cuenta donde se anotan los créditos o partidas egresadas. De nuevo, la palabra no tiene más si­g­ni­fi­ca­do que ser el nombre de la columna de la derecha.

Las cuentas se cla­si­fi­can en función de los elementos que componen la ecuación contable (activo = pasivo + capital), es decir, hay cuentas de activo, cuentas de pasivo y cuentas de capital. Como activo se entienden los bienes o derechos que el negocio posee; como pasivo, las deudas u obli­ga­cio­nes, y el capital (capital contable o líquido) es la di­fe­re­n­cia re­su­l­ta­n­te entre el activo y el pasivo. En función de su cla­si­fi­ca­ción como activo, pasivo o capital, las entradas y salidas se registran como cargo o como abono.

Con este vídeo puedes en­te­n­de­r­lo mejor:

En el método de la partida doble, el registro de los eventos eco­nó­mi­cos que afectan al pa­tri­mo­nio de una empresa se refleja en los libros en forma de asientos, que han de ser anotados en el Libro Diario, registro contable obli­ga­to­rio por ley, numerados co­rre­la­ti­va­me­n­te y ordenados cro­no­ló­gi­ca­me­n­te. Para registrar un asiento contable se anota primero la cuenta (o cuentas) de cargo, donde “cargo” (débito) equivale a un ingreso de dinero o de bienes, y a co­n­ti­nua­ción la cuenta (o cuentas) de abono, donde el término “abono” (crédito) se utiliza para registrar una salida. Estos asientos se escriben después en el Libro Mayor (optativo pero necesario) en sus cuentas co­rre­s­po­n­die­n­tes, de donde se extraen los datos para elaborar los estados fi­na­n­cie­ros usua­l­me­n­te al final de cada ejercicio: el balance general y el estado de re­su­l­ta­dos o cuenta de pérdidas y ganancias.

En estos gráficos a co­n­ti­nua­ción se observa la di­fe­re­n­cia entre el Libro Diario, en el cual se van anotando las entradas y salidas indicando la cuenta a las que pe­r­te­ne­cen (Me­r­ca­de­rías, Caja) y el Libro Mayor, en el que se es­pe­ci­fi­ca cada cuenta por separado:

Consejo

es muy im­po­r­ta­n­te llevar una co­n­ta­bi­li­dad ordenada que contenga todos los hechos contables y que los libros estén al día. Un error im­pe­r­ce­p­ti­ble puede hacer que al final las cuentas no cuadren y el balance re­su­l­ta­n­te sea erróneo, lo que podría tener co­n­se­cue­n­cias fatales para las finanzas de la empresa.

El balance en la co­n­ta­bi­li­dad de partida doble

El balance co­n­s­ti­tu­ye el fu­n­da­me­n­to de la partida doble y se es­tru­c­tu­ra según los activos y los pasivos de una empresa. Por activos se entienden todas aquellas ope­ra­cio­nes que tienen que ver con el uso del pa­tri­mo­nio, es decir, en qué se invierte el capital (lo que posee la empresa): in­s­ta­la­cio­nes, máquinas, materias primas, acciones, etc. Los pasivos serían todas las ope­ra­cio­nes que indican la pro­ce­de­n­cia del pa­tri­mo­nio, es decir, de dónde procede el capital (deudas y obli­ga­cio­nes): capital propio, créditos, be­ne­fi­cios, etc. Oponiendo ambos conceptos se obtiene una visión general de las ope­ra­cio­nes de entrada y salida de capital.

Clave para la co­n­ta­bi­li­dad es que en las cuentas del activo los ingresos se anotan en el “Debe”, mientras que los egresos se anotan en el “Haber”. En las cuentas del pasivo la anotación se realiza exac­ta­me­n­te al revés, es decir, una cuenta disminuye en el “Debe” y aumenta en el “Haber”:

Cuentas del activo: los abonos se registran en el “Debe”, los cargos en el “Haber”
Cuentas del pasivo: las entradas se registran en el “Haber”, las salidas en el “Debe”.
El balance ha de resultar igual (mismo valor en ambas partes).

El activo y el pasivo han de estar en equi­li­brio. Al final lo im­po­r­ta­n­te es que la suma del balance dé el mismo valor en activos y en pasivos. Esta di­s­po­si­ción permite averiguar cuál era el estado inicial y el final y la ganancia de la empresa en un de­te­r­mi­na­do periodo.

Consejo

los em­pre­sa­rios y pro­fe­sio­na­les autónomos tienen la opción de recurrir a diversos medios que les faciliten llevar la co­n­ta­bi­li­dad. Para que esta tarea no se adueñe de la mayor parte de tu tiempo, conviene co­n­si­de­rar la exi­s­te­n­cia de he­rra­mie­n­tas es­pe­cia­li­za­das que, sobre todo en el caso de grandes empresas con mucha actividad comercial, pueden aliviar el día a día de forma co­n­si­de­ra­ble.

Ten cuenta el aviso legal relativo a este artículo.

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