La gestión de empresas y el marketing a menudo tratan de la identidad co­r­po­ra­ti­va (corporate identity, CI), que para muchos está compuesta vagamente por la co­n­cie­n­cia que la empresa tiene de sí misma y por su efecto hacia el exterior. Pero ¿en qué consiste en realidad? ¿Cómo se construye la identidad co­r­po­ra­ti­va de un negocio? Conoce cuáles son los aspectos que la definen y cómo puedes apli­car­los en tu empresa.

De­fi­ni­ción: identidad co­r­po­ra­ti­va

La identidad co­r­po­ra­ti­va es tanto una es­tra­te­gia de gestión de empresas como un concepto de co­mu­ni­ca­ción y abarca todas las acciones es­tra­té­gi­cas que co­n­tri­bu­yen a construir la imagen que la empresa tiene de sí misma.

Corporate identity: pieza esencial de la gestión em­pre­sa­rial

La identidad co­r­po­ra­ti­va no es algo que uno pueda sacarse de la manga por arte de magia. Su pla­ni­fi­ca­ción y rea­li­za­ción incluye a la empresa en su totalidad y requiere un esfuerzo fi­na­n­cie­ro además de tiempo para de­sa­rro­llar­la, porque la identidad co­r­po­ra­ti­va debe reflejar la pe­r­so­na­li­dad de la empresa por medio de di­re­c­tri­ces y valores que incumben a todos los ámbitos de la misma. Y cuanto más complejas y amplias son las es­tru­c­tu­ras co­r­po­ra­ti­vas, más de­ta­lla­da­me­n­te se han de analizar y organizar para tra­n­s­mi­tir una imagen coherente hacia dentro y hacia fuera. No en vano los manuales de identidad co­r­po­ra­ti­va de las grandes empresas pueden llegar a tener una extensión de varios ce­n­te­na­res de páginas.

Al hablar de corporate identity estamos ante un concepto abstracto compuesto por diversos factores, tanto internos (valores) como externos, que son los que de­te­r­mi­nan qué forma parte de la identidad co­r­po­ra­ti­va y cómo componen la imagen global. La identidad co­r­po­ra­ti­va de un negocio es, por tanto, un complejo sistema en el cual sus diversos co­m­po­ne­n­tes se influyen mu­tua­me­n­te y se reflejan tanto hacia dentro como hacia afuera.

¿Qué objetivos persigue una es­tra­te­gia de identidad co­r­po­ra­ti­va?

Efectos internos Efectos externos
Coope­ra­ción entre empleados: Mejora del trabajo debido a procesos tra­n­s­pa­re­n­tes y cohe­re­n­tes Perfil en el mercado: Una IC sólida se di­fe­re­n­cia de otros co­m­pe­ti­do­res
Mo­ti­va­ción de la plantilla: Los se­n­ti­mie­n­tos de comunidad y lealtad ayudan a mejorar el re­n­di­mie­n­to Re­va­lo­ri­zar la imagen co­r­po­ra­ti­va: Las emociones de los clientes ante la empresa son positivas
Metas claras: Cada de­pa­r­ta­me­n­to sabe cuál es su co­n­tri­bu­ción en la es­tru­c­tu­ra global y trabajan con ese objetivo Marca y es­tru­c­tu­ra conocidas: Crecen el co­no­ci­mie­n­to de la imagen de la marca y la fi­de­li­za­ción
Buena co­mu­ni­ca­ción interna: Si la co­mu­ni­ca­ción fluye entre los de­pa­r­ta­me­n­tos, mejora la imagen exterior y ahorra costes La imagen co­r­po­ra­ti­va se iguala con su actuación: Las ac­tua­cio­nes de la empresa y sus empleados son cohe­re­n­tes con su imagen

Una identidad co­r­po­ra­ti­va sirve para comunicar, tanto dentro como fuera de las es­tru­c­tu­ras de la compañía, una imagen unitaria y tra­n­s­pa­re­n­te de la empresa o la marca. Si los empleados y las su­b­si­dia­rias saben cómo la empresa se ve a sí misma, cuáles son sus valores, y cuáles sus objetivos, es más fácil entender qué de­ci­sio­nes se toman. Si una empresa tiene una pe­r­ce­p­ción coherente de sí misma aumenta en co­n­co­r­da­n­cia la fidelidad de la plantilla, que así reconoce con facilidad cuál es su lugar en una es­tru­c­tu­ra sólida e in­te­r­co­ne­c­ta­da. Los empleados que se sienten bien valorados y pueden entender el contexto en que se inscribe su trabajo, cooperan mejor con otros de­pa­r­ta­me­n­tos y tienen un re­n­di­mie­n­to mayor.

Hacia afuera, la identidad co­r­po­ra­ti­va determina la dirección de las campañas de marketing, la ada­p­ta­ción al público meta y las in­ve­s­ti­ga­cio­nes de mercado. La forma en que una empresa se percibe a sí misma se refleja en gran medida en las acciones y es­tra­te­gias con las que se presenta pú­bli­ca­me­n­te a su clientela. A la inversa, las acciones im­pro­vi­sa­das y co­n­tra­di­c­to­rias comunican una identidad co­r­po­ra­ti­va mediocre o a medias.

Ob­via­me­n­te no hay que pensar en la identidad co­r­po­ra­ti­va como un monolito inal­te­ra­ble. Hay ci­r­cu­n­s­ta­n­cias externas a la empresa, como los cambios sociales, o factores internos, como el de­sa­rro­llo de nuevos productos o las re­es­tru­c­tu­ra­cio­nes, que pueden hacer que se tengan que re­co­n­si­de­rar algunos aspectos de la identidad. Con todo, conviene mantener la prudencia, porque un cambio brusco de imagen podría de­s­co­n­ce­r­tar a la clientela: si una marca co­n­tri­bu­ye a conformar la identidad de su público objetivo, un cambio de esta índole podría in­te­r­pre­tar­se como una especie de traición. Bajo de­te­r­mi­na­das ci­r­cu­n­s­ta­n­cias, en cambio, una mo­di­fi­ca­ción en la IC podría suponer un cambio de orie­n­ta­ción necesario –como de­mue­s­tran los partidos políticos.

La otra cara de la identidad co­r­po­ra­ti­va es la imagen co­r­po­ra­ti­va (corporate image), que define cómo se percibe a la empresa ex­te­r­na­me­n­te, una pe­r­ce­p­ción marcada por la identidad co­r­po­ra­ti­va pero que también influye en esta. Si la empresa tiene una identidad fuerte, destaca entre la co­m­pe­te­n­cia y disfruta de una cierta imagen que fu­n­da­me­n­ta su repu­tación pública. Idea­l­me­n­te, esta identidad se reafirma en todos los aspectos a través de los años. Estas empresas co­n­so­li­da­das y con buena repu­tación no se hacen ningún favor, entonces, si de repente se deshacen de una identidad co­r­po­ra­ti­va co­n­s­trui­da y co­n­so­li­da­da con esfuerzo. Un cambio así de repentino tiene como co­n­se­cue­n­cia que los clientes, de­ce­p­cio­na­dos, den la espalda a la empresa y opinen ne­ga­ti­va­me­n­te sobre ella.

De­fi­ni­ción: imagen co­r­po­ra­ti­va

La imagen co­r­po­ra­ti­va es la pe­r­ce­p­ción pública de la empresa. En la co­n­s­tru­c­ción de esta imagen externa hay factores, como la presencia en los medios, las va­lo­ra­cio­nes de los clientes o los rumores, que de­sem­pe­ñan un papel crucial, así que el objetivo de cualquier es­tra­te­gia de imagen co­r­po­ra­ti­va consiste en influir po­si­ti­va­me­n­te en ella. No en vano la imagen co­r­po­ra­ti­va determina el éxito de la empresa entendida glo­ba­l­me­n­te.

Qué es la identidad co­r­po­ra­ti­va y de qué se compone

Como es­tra­te­gia de gestión em­pre­sa­rial, la identidad co­r­po­ra­ti­va puede estar co­n­s­ti­tui­da por entre 5 y 7 aspectos, cada uno de los cuales conviene analizar en función de su capacidad de influir en ella si se quiere de­sa­rro­llar una es­tra­te­gia coherente. De cara a diseñar un concepto general, unos valores fu­n­da­me­n­ta­les y que se entiendan cla­ra­me­n­te, si­n­te­ti­za­dos, por ejemplo, en un lema co­r­po­ra­ti­vo, son los que co­n­s­ti­tu­yen un buen punto de partida para una es­tra­te­gia efectiva. Para de­sa­rro­llar­la, es útil recabar opiniones de todos los de­pa­r­ta­me­n­tos y diseñar el proceso de forma tra­n­s­pa­re­n­te.

La li­te­ra­tu­ra es­pe­cia­li­za­da re­co­mie­n­da medir el éxito de una es­tra­te­gia en función de estos cuatro factores:

  • Di­fe­re­n­cia­ción
  • Prestigio
  • Re­le­va­n­cia
  • Co­he­re­n­cia

El lema co­r­po­ra­ti­vo es breve y expresivo, así que debes dedicarle el tiempo su­fi­cie­n­te a su elección. Por ejemplo, el lema de Google fue durante mucho tiempo “Don’t be evil” (no seas malo). En sí misma, esta frase no es negativa, porque resume un principio de re­s­po­n­sa­bi­li­dad social co­r­po­ra­ti­va. Pese a todo, una gran parte del mensaje la ocupa la negación de un estado (Don’t): si se permanece pasivo y no se hace nada malo se actúa acorde con la empresa. Alphabet Inc, el co­n­glo­me­ra­do es­ta­dou­ni­de­n­se del cual Google pasó a ser su mayor su­b­si­dia­ria, lanza en 2016 el nuevo lema “Do the right thing” que, si bien viene a decir lo mismo que la anterior, inspira a actuar de forma activa y positiva porque transmite dinamismo y fomenta hacerse re­s­po­n­sa­ble del propio hacer.

Las áreas más im­po­r­ta­n­tes que componen la identidad co­r­po­ra­ti­va son:

  • Corporate Design (CD), diseño co­r­po­ra­ti­vo o identidad visual co­r­po­ra­ti­va
  • Corporate Behaviour (CB), conducta co­r­po­ra­ti­va
  • Corporate Culture, cultura co­r­po­ra­ti­va
  • Corporate Co­m­mu­ni­ca­tion (CC) + Language (CL), co­mu­ni­ca­ción y lenguaje co­r­po­ra­ti­vos
  • Corporate Phi­lo­so­phy (CP) + Corporate Soul (CS), filosofía y espíritu co­r­po­ra­ti­vos

Identidad visual co­r­po­ra­ti­va

En este apartado se incluyen todos los elementos tangibles de carácter estético con los cuales la empresa re­pre­se­n­ta su identidad, elementos que deben diseñarse de forma homogénea para elevar su re­co­no­ci­mie­n­to. Desde el logotipo situado en la entrada de la empresa, en la página web, en la pu­bli­ci­dad o en el papel de carta, hasta el diseño de las tarjetas de visita y folletos, pasando por el color re­pre­se­n­ta­ti­vo, un concepto unitario conlleva un ahorro de tiempo y de dinero, ya que cada nuevo diseño ha de atravesar un proceso largo y trabajoso que se esquiva de esta forma. También la ar­qui­te­c­tu­ra y el diseño interior de las su­cu­r­sa­les y los edificios de la compañía, el diseño de los uniformes y su presencia en la red forman parte del diseño co­r­po­ra­ti­vo. Re­cie­n­te­me­n­te, nuevos conceptos como el sonido co­r­po­ra­ti­vo (el famoso sonido Windows) y el olor co­r­po­ra­ti­vo (algunos cafés en Viena esparcen por aire polvo de café recién molido) vienen a sumarse al diseño co­r­po­ra­ti­vo. La identidad visual co­r­po­ra­ti­va es crucial para el re­co­no­ci­mie­n­to de la empresa. Las grandes mu­l­ti­na­cio­na­les suelen tener un logotipo simple pero explícito que en los mejores casos enciende en el ob­se­r­va­dor un se­n­ti­mie­n­to que vincula con la or­ga­ni­za­ción. En la Guía Digital puedes leer más sobre el diseño de un logotipo pro­fe­sio­nal.

Co­m­po­r­ta­mie­n­to co­r­po­ra­ti­vo

La conducta de la empresa en di­fe­re­n­tes contextos también forma parte de la identidad co­r­po­ra­ti­va. Se trata aquí de analizar su actuación con grupos de personas con los que tiene una relación directa, entre los que se incluyen tanto los empleados o los clientes como los pro­vee­do­res, las su­cu­r­sa­les y los ac­cio­ni­s­tas. También interesa saber cómo se comporta pú­bli­ca­me­n­te, cómo se dirige a los empleados, su conducta monetaria y no monetaria y su capacidad crítica.

Cultura co­r­po­ra­ti­va

La cultura co­r­po­ra­ti­va se relaciona en cierta forma con la cultura social en la que se integra la empresa, pues esta ha de respetar ciertos valores y normas fu­n­da­me­n­ta­les, así como la legalidad vigente. Pero además pueden darse reglas y valores propios que, según su alcance y co­m­pro­mi­so, pueden incluso llegar a influir en la cultura social. La Corporate Culture también determina la conducta (CB) y la co­mu­ni­ca­ción (CC) del negocio.

Co­mu­ni­ca­ción y lenguaje co­r­po­ra­ti­vos

La empresa se expresa de una forma de­te­r­mi­na­da, que puede ser uti­li­za­n­do un lenguaje culto y es­pe­cia­li­za­do o uno más laxo en el caso de empresas con jerarquía ho­ri­zo­n­tal. La co­mu­ni­ca­ción atañe a la forma en que la empresa transmite sus mo­ti­va­cio­nes y valores interna y ex­te­r­na­me­n­te. Esto incluye la co­mu­ni­ca­ción entre de­pa­r­ta­me­n­tos y entre los di­fe­re­n­tes niveles je­rá­r­qui­cos así como las re­la­cio­nes públicas y las campañas pu­bli­ci­ta­rias.

Consejo

¿Necesitas ayuda en la co­mu­ni­ca­ción en las redes sociales? Conoce cómo in­tro­du­cir a tu empresa en los secretos de Instagram.

Filosofía y espíritu co­r­po­ra­ti­vos

Cuando se funda un negocio se hace con una intención o una mo­ti­va­ción. Los valores y las normas que para el fundador co­n­s­ti­tu­yen el corazón de la empresa y que van más allá del simple beneficio definen la filosofía de la empresa y, si se si­n­te­ti­zan a los aspectos ese­n­cia­les últimos, se define su alma, que es la que refleja la imagen ideal que se quiere re­pre­se­n­tar. El espíritu co­r­po­ra­ti­vo, como elemento uni­fi­ca­dor, se encuentra entonces en todos los aspectos que conforman la identidad co­r­po­ra­ti­va. Si el corporate soul se extiende a lo largo de todas las áreas del concepto de gestión co­r­po­ra­ti­va, se logra una au­toi­ma­gen armónica.

Identidad co­r­po­ra­ti­va: ejemplo de un ma­le­n­te­n­di­do

Pre­ci­sa­me­n­te en la era de la in­fo­r­ma­ción y la co­mu­ni­ca­ción in­me­dia­tas y ac­ce­si­bles glo­ba­l­me­n­te en las redes sociales, la respuesta a la prensa negativa es es­pe­cia­l­me­n­te im­po­r­ta­n­te. ¿Borras los co­me­n­ta­rios críticos e ignoras la opinión de tus clientes o te disculpas y, si la situación lo permite, suavizas los ánimos con una actitud des­en­fa­da­da? Veamos lo que le pasó a la marca Dove. En octubre de 2017 el consorcio emitió un anuncio de crema de ducha que cosechó un enorme disgusto en una porción co­n­si­de­ra­ble de usuarias que alegaban un lenguaje visual cargado de co­n­no­ta­cio­nes racistas. Esto des­en­ca­de­nó una im­po­r­ta­n­te shitstorm, aún más intensa porque no era la primera vez que la compañía tenía un desliz de este tipo. Veamos cómo se gestionó.

Según la compañía, el objetivo del anuncio, que se publicó en Facebook en Estados Unidos, era re­pre­se­n­tar su política inclusiva, pero la secuencia en la que aparecen las modelos, en co­m­bi­na­ción con la imagen del jabón, puede in­te­r­pre­tar­se como que la piel oscura se puede “limpiar” hasta que se vea blanca. El efecto antes-después de la imagen transmite más bien que el acla­ra­mie­n­to de la piel supone una mejora. Nada ayuda que Unilever, el consorcio en el que se incluye Dove, publicara anuncios con un mensaje similar a finales del siglo XIX, cuando el racismo estaba so­cia­l­me­n­te aceptado, tra­n­s­mi­tie­n­do de forma explícita la idea de que la piel blanca es mejor y pre­fe­ri­ble. Este pa­ra­le­li­s­mo en el formato visual ha levantado hoy dolorosas ampollas con co­n­no­ta­cio­nes racistas, como señalaron algunas usuarias de Twitter:

Los clientes y el público en general acusaron a la compañía de un flagrante paso en falso moral y de una falta de se­n­si­bi­li­dad en su trato con una parte de su mercado. La imagen pública re­su­l­ta­n­te se situó pre­ci­sa­me­n­te en el lado opuesto de su identidad co­r­po­ra­ti­va actual, pre­ci­sa­me­n­te definida por una au­toi­ma­gen de inclusión y aumento de la au­toe­s­ti­ma. Como paliativo, Dove decidió publicar una disculpa en Twitter:

La es­tra­te­gia de corporate identity de una empresa aspira a lograr o afianzar una cierta imagen (corporate image) y, con esta pu­bli­ci­dad, Dove comete un grave error en su co­mu­ni­ca­ción co­r­po­ra­ti­va, porque si la campaña se dirige a todas las mujeres con la idea de que el producto está indicado para cualquier tipo de piel, a algunas usuarias el mensaje que les llegó fue pre­ci­sa­me­n­te el contrario, y muy negativo. Este grupo de personas estaban se­n­si­bi­li­za­das con el tema y de­te­c­ta­ron el problema del lenguaje visual que habían utilizado. Otras personas no se dieron cuenta del pa­ra­le­li­s­mo de forma tan inmediata.

Pero Dove sí debería haberse dado cuenta, porque el análisis y el co­no­ci­mie­n­to exactos del público objetivo y de sus valores tienen un papel central en la imagen que una empresa tiene de sí misma. Cuando lo que se transmite a la clientela es que no se entienden sus co­n­vi­c­cio­nes, sus ne­ce­si­da­des y sus pre­fe­re­n­cias, es fácil perder la confianza y la in­flue­n­cia. Es así como incluso las marcas más co­n­so­li­da­das también pueden perder cre­di­bi­li­dad y ventas. Con su disculpa, Dove demuestra que no ignora la crítica que ha recibido, pero si se acumulan ma­le­n­te­n­di­dos parecidos sin hacer nada para re­me­diar­los, los daños de imagen a largo plazo son in­e­vi­ta­bles.

Co­n­clu­sión

Una es­tra­te­gia de identidad co­r­po­ra­ti­va in­te­r­vie­ne en todos los ámbitos de una empresa. Partiendo de una imagen homogénea y tra­n­s­pa­re­n­te de sí misma, su objetivo es influir con ella po­si­ti­va­me­n­te en la imagen pública de la empresa. Una IC pla­ni­fi­ca­da exhau­s­ti­va­me­n­te permite a la empresa di­fe­re­n­ciar­se de la co­m­pe­te­n­cia, tra­n­s­mi­tir confianza y fo­r­ta­le­cer su razón de ser en el mercado, además de motivar a la plantilla a ofrecer un mejor re­n­di­mie­n­to y ahorrar costes. Para ello es crucial cuidar que se siga la filosofía de la empresa en todos los ámbitos.

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