A muy poca gente le gusta pagar impuestos, pero aún más molesto es pagar más de lo que se debería por una subida de impuestos que se produce de una forma im­pe­r­ce­p­ti­ble para el ciudadano de a pie. Esto es lo que se conoce como rémora fiscal o pro­gre­sión fría, un tema de carácter social y político que se debate una y otra vez en ciertos países europeos, pero muy poco en España. Debido a que este tema afecta a todos los co­n­tri­bu­ye­n­tes, te ex­pli­ca­mos qué hay detrás de la pro­gre­sión fría.

¿Qué es la pro­gre­sión fría o rémora fiscal?

El término “pro­gre­sión fría” describe la situación que se da cuando los precios suben debido a la inflación, pero los tipos im­po­si­ti­vos del Impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) no se reducen. Esto significa que, aunque el poder ad­qui­si­ti­vo está di­s­mi­nu­ye­n­do, la presión fiscal sigue siendo la misma. Todo ciudadano con actividad económica en España y en cualquier otro país tiene que pagar impuestos sobre sus ingresos. La Co­n­s­ti­tu­ción española lo exige sobre la base del principio de pro­gre­si­vi­dad recogido en el artículo 3.1: “Todos co­n­tri­bui­rán al so­s­te­ni­mie­n­to de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tri­bu­ta­rio justo inspirado en los pri­n­ci­pios de igualdad y pro­gre­si­vi­dad que, en ningún caso, tendrá alcance co­n­fi­s­ca­to­rio”. Es decir, el aumento de los ingresos permite a las personas co­n­tri­buir en mayor medida a la fi­na­n­cia­ción de los servicios públicos. Por lo tanto, nuestro sistema fiscal se basa en un tipo im­po­si­ti­vo pro­gre­si­vo del impuesto sobre la renta. Esto significa que alguien que gane más, paga una tasa de impuestos promedio más alta que alguien que gane menos. Esto también se conoce como pro­gre­sión normal.

Hecho

Solo en los sistemas fiscales con impuestos pro­gre­si­vos sobre la renta (como en España o Alemania) puede tener lugar una pro­gre­sión fría o rémora fiscal. En los sistemas en los que todos los co­n­tri­bu­ye­n­tes pagan el mismo tipo im­po­si­ti­vo, esto no puede suceder, porque un ingreso más alto no genera un tipo im­po­si­ti­vo más alto.

La di­s­ti­n­ción entre ingresos nominales e ingresos reales es im­po­r­ta­n­te para la co­m­pre­n­sión de la pro­gre­sión fría. Hablamos de ingreso nominal para hacer re­fe­re­n­cia a la cantidad neta de dinero que llega a tu cuenta. El término ingreso real, por otra parte, tiene en cuenta el poder ad­qui­si­ti­vo de esta renta, es decir, refleja la cantidad de bienes o servicios que una persona puede adquirir con su renta. La pregunta que debes hacerte es cuánto puedes comprar con el dinero que ganas. El índice de precios al co­n­su­mi­dor (IPC) se utiliza para calcular el poder ad­qui­si­ti­vo: este mide la evolución de los precios medios de los pri­n­ci­pa­les bienes y servicios y co­n­s­ti­tu­ye la base para calcular la tasa de inflación.

Debemos también hacer una di­s­ti­n­ción entre la pro­gre­sión fría en sentido estricto y la pro­gre­sión fría en sentido amplio.

Pro­gre­sión fría en sentido estricto

La pro­gre­sión fría en sentido estricto se produce cuando los ingresos reales caen y el Estado no reacciona re­du­cie­n­do la carga tri­bu­ta­ria. Los ingresos reales pueden disminuir incluso si los ingresos nominales aumentan. ¿Cómo puede ser esto? Si el aumento de los ingresos nominales es inferior a la tasa de inflación, puedes comprar menos con tu dinero que en épocas an­te­rio­res, cuando la inflación no había pro­gre­sa­do con tanta fuerza. En pocas palabras, tu dinero vale menos. Tus ingresos reales di­s­mi­nu­yen a pesar de que tus ingresos nominales están au­me­n­ta­n­do y, debido a que tus ingresos nominales son más altos, se te aplica un tipo im­po­si­ti­vo del IRPF más alto, de modo que pagarás más impuestos a pesar de que el poder ad­qui­si­ti­vo de tu dinero está di­s­mi­nu­ye­n­do.

Si tus ingresos adi­cio­na­les en un año co­rre­s­po­n­den exac­ta­me­n­te a la tasa de inflación, entonces tus ingresos nominales y tus ingresos reales son idénticos. Sin embargo, tu carga tri­bu­ta­ria aumentará ya que se te aplicará otro tipo im­po­si­ti­vo del IRPF.

Nota

A pesar de la pro­gre­sión fría, si tus ingresos aumentan y, en co­n­se­cue­n­cia, también el tipo im­po­si­ti­vo del IRPF, nunca se dará el caso de que tu ingreso neto nominal sea más bajo después de la deducción de impuestos. Sin embargo, la carga fiscal sobre tus ingresos reales puede aumentar. Esto sucede cuando la tasa de inflación es más alta que el cre­ci­mie­n­to de tus ingresos.

Pro­gre­sión fría en sentido amplio

La pro­gre­sión fría o rémora fiscal en sentido más amplio es lo que se conoce como una subida secreta de impuestos. En ella no se tiene en cuenta el aumento de los precios y solo se considera el aumento de los ingresos de los co­n­tri­bu­ye­n­tes. Si los ingresos aumentan, la carga fiscal de los ciu­da­da­nos también lo hace y, en co­n­se­cue­n­cia, los ingresos fiscales del estado se in­cre­me­n­tan. La razón de ello es el tipo im­po­si­ti­vo pro­gre­si­vo ya me­n­cio­na­do que, en España, grava más a los tra­ba­ja­do­res con mayores ingresos. El Estado solo puede evitar este tipo de rémora fiscal re­du­cie­n­do la carga fiscal en respuesta a los aumentos de la renta (por ejemplo, au­me­n­ta­n­do el subsidio básico). Los expertos discuten a menudo si el Estado debe evitar la pro­gre­sión fría y de qué manera.

Pro­gre­sión normal y pro­gre­sión fría

Además de la pro­gre­sión fría, también existe la llamada pro­gre­sión normal. En realidad, se trata, como se ha explicado, de un tipo im­po­si­ti­vo pro­gre­si­vo sobre el impuesto sobre la renta. El hecho de que los dos se presenten a menudo como términos co­n­tra­pue­s­tos se debe a los di­fe­re­n­tes efectos que se deducen de cada uno de ellos. La pro­gre­sión normal está diseñada de tal manera que las personas con mayores ingresos soporten una mayor carga tri­bu­ta­ria, entre otras cosas, para evitar di­fe­re­n­cias sociales extremas.

La pro­gre­sión fría o rémora fiscal, en cambio, afecta en pa­r­ti­cu­lar a las personas con ingresos bajos y pocos medios. Este grupo de personas se ve más afectado por un aumento de los ingresos que no lleva aparejado una di­s­mi­nu­ción de los impuestos sobre la renta. Si se observa el de­sa­rro­llo de la pro­gre­sión fría a lo largo de un período de tiempo más largo, resulta evidente que la carga tri­bu­ta­ria de los asa­la­ria­dos con ingresos bajos se alinea cada vez más con la de los asa­la­ria­dos de ingresos más altos. Esto co­n­tra­di­ce de nuevo el pe­n­sa­mie­n­to real de una pro­gre­sión normal.

Cálculo de la rémora fiscal con un ejemplo

Los efectos de la pro­gre­sión fría se pueden calcular mediante una fórmula basada en valores de cambio, es decir, no en la renta absoluta, sino en un cambio en la renta.

ΔER = cambio relativo en la renta real

ΔEaTax = cambio relativo en los ingresos después de deducir los impuestos

ΔP = cambio de precio relativo

Dado que se trata de cambios a lo largo del tiempo, deben evaluarse dos momentos di­fe­re­n­tes en el tiempo.

Ejemplo: Su­po­n­ga­mos que una em­pre­sa­ria consigue unos ingresos anuales de 60 000 euros en su primer año. En el segundo año, aumenta sus precios en un 2 % para compensar el aumento general de precios del 2 %, que también le afecta a ella, ob­te­nie­n­do así unos ingresos de 61 200 €, co­m­pe­n­sa­n­do la inflación, si bien esta cantidad es antes de impuestos.

Debido al aumento de la renta, ahora está sujeta a una tasa de impuesto sobre la renta más alta (que en nuestro ejemplo pasaría a ser el 28,15 % en lugar de 28,01 %). Al final, la em­pre­sa­ria tiene un aumento que co­rre­s­po­n­de a un 1,8 % después de impuestos, un aumento que pasa de 43 195 € a 43 972 €. Si se tiene en cuenta el aumento de precios, el resultado es incluso peor:

Los ingresos reales son apro­xi­ma­da­me­n­te un 0,2 % más bajos que los del año anterior. Si la em­pre­sa­ria no hubiera aumentado sus ingresos, tendría que contar con una caída de los ingresos reales en alrededor un 2 %. Si se co­n­si­de­ran varios años, la pro­gre­sión fría en sentido estricto, con un aumento anual de los precios del 2 %, se de­sa­rro­lla de la siguiente manera, siempre que el salario aumente a medida que suben los precios:

Año 2014 2015 2016 2017 2018
Ingresos anuales (antes de impuestos) 57.624 € 58.800 € 60.000 € 61.200 € 62.424 €
Carga media del impuesto sobre la renta 27,70 % 27,95 % 28,01 % 28,15 % 28,19 %
Impuesto sobre la renta 15.963 € 16.434 € 16.805 € 17.228 € 17.596 €
Ingresos anuales (después de impuestos) 41.661 € 42.366 € 43.195 € 43.972 € 44.828 €
Variación de los ingresos anuales (después de impuestos)   +1,69 % +1,96 % +1,80 % +1,95 %
Variación del precio +2 % +2 % +2 % +2 % +2 %
Variación de la renta real   -0,31 % -0,04 % -0,20 % -0,05 %
Nota

Una es­ti­ma­ción de las re­te­n­cio­nes del IRPF se puede llevar a cabo gracias a la ca­l­cu­la­do­ra de re­te­n­cio­nes de la Agencia Tri­bu­ta­ria.

El aumento anual de la carga media sobre la em­pre­sa­ria demuestra la gravedad de su in­ci­de­n­cia en la pro­gre­sión del frío en un sentido más amplio. De acuerdo con el principio de efi­cie­n­cia, el aumento de la renta también significa que está sujeta a una carga fiscal mucho mayor.

Efectos de la pro­gre­sión en frío

La rémora fiscal tiene una in­flue­n­cia si­g­ni­fi­ca­ti­va en los ingresos fiscales y, mientras el Estado no regule el sistema tri­bu­ta­rio, los ciu­da­da­nos podrían estar pagando más impuestos de los justos. Después de todo, los aumentos de ingresos que se produzcan para compensar las pérdidas derivadas de la inflación se acabarán gravando con mayor rigor.

El término “impuesto oculto” se deriva del hecho de que el Estado no necesita modificar ninguna le­gi­s­la­ción para hacerlo y los críticos señalan que esta forma de aumento de impuestos, que, por otra parte, puede atraer grandes ca­n­ti­da­des de dinero a las arcas del Estado en pocos años, está fuera del control de cualquier pa­r­la­me­n­to.

Cada vez son más las personas que discuten sobre cómo y qué medidas deben adoptarse contra la rémora fiscal. De hecho, algunos Estados, como Alemania, ya están in­te­n­ta­n­do aplicar medidas para contener este efecto, pero todavía no existe un pro­ce­di­mie­n­to si­s­te­má­ti­co para co­m­ba­ti­r­lo. Para evitarlo, se podría es­ta­ble­cer un mecanismo de ajuste que vinculara el aumento de la tasa del impuesto sobre la renta con el aumento de los precios. De este modo, el nivel del impuesto se ajustaría au­to­má­ti­ca­me­n­te a la inflación.

Otra solución, al menos en el plano teórico, podría ser eliminar el impuesto pro­gre­si­vo y basarlo en un tipo único. De esta manera, no puede haber una pro­gre­sión fría, porque no hay un tipo im­po­si­ti­vo más alto con el que chocar: cada uno debería renunciar al mismo po­r­ce­n­ta­je de sus ingresos, in­de­pe­n­die­n­te­me­n­te de los ingresos en sí mismos. Sin embargo, este método se considera an­ti­so­cial y, por lo tanto, apenas se tiene en cuenta.

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