Bajo el término “gestión de riesgos” (también risk ma­na­ge­me­nt o ad­mi­ni­s­tra­ción de riesgos) se agrupan todas las medidas para ide­n­ti­fi­car e influir en este tipo de opo­r­tu­ni­da­des y peligros, que surgen a partir de las acciones em­pre­sa­ria­les y que pueden tener un efecto tanto negativo como positivo en el éxito de la empresa.

El objetivo del risk ma­na­ge­me­nt no es eliminar todos los riesgos, eso es prá­c­ti­ca­me­n­te imposible. La idea es, más bien, alcanzar un equi­li­brio óptimo entre opo­r­tu­ni­da­des y riesgos. De esta manera, una gestión de riesgos sa­ti­s­fa­c­to­ria aumenta la seguridad en la toma de de­ci­sio­nes y pla­ni­fi­ca­ción de proyectos, minimiza el riesgo de in­so­l­ve­n­cia y es­ta­bi­li­za la situación de los ingresos.

Es­tá­n­da­res in­te­r­na­cio­na­les para el risk ma­na­ge­me­nt

Entre las normas in­te­r­na­cio­na­les más im­po­r­ta­n­tes están la norma de análisis de riesgos ISO 31000:2009, la norma de gestión de calidad ISO 9001:2015, así como la COSO En­te­r­pri­se Risk Ma­na­ge­me­nt Framework (COSO ERM 2017). El modelo conocido como cubo COSO clasifica la gestión de riesgos por co­m­po­ne­n­tes, ca­te­go­rías de objetivos y unidades de or­ga­ni­za­ción.

La idea es que las di­re­c­tri­ces ex­pre­sa­das en estas normas sirvan como ayuda para que las empresas apliquen y de­sa­rro­llen su propia gestión de riesgos. Tanto las normas ISO como COSO se in­s­pe­c­cio­nan de manera regular y se modifican, si es necesario, para ada­p­tar­las a los últimos avances del mundo em­pre­sa­rial.

¿Qué es el risk ma­na­ge­me­nt en el entorno em­pre­sa­rial?

A menudo, el concepto de risk ma­na­ge­me­nt en la empresa se relaciona con el término de co­m­plia­n­ce y de corporate go­ve­r­na­n­ce, ya que los tres conceptos están es­tre­cha­me­n­te vi­n­cu­la­dos. Todos ellos co­n­tri­bu­yen a una dirección correcta y eficiente de la empresa.

Las cuatro fases de la gestión de riesgos em­pre­sa­rial

El risk ma­na­ge­me­nt operativo no consta de una medida que se ejecute una sola vez, sino que se trata de un proceso continuo: las opo­r­tu­ni­da­des y los riesgos que pueden afectar al éxito de empresa requieren una su­pe­r­vi­sión pe­r­ma­ne­n­te.

Para detectar de manera si­s­te­má­ti­ca todos los factores re­le­va­n­tes, las empresas deben aplicar procesos de gestión de riesgos. Estos procesos de pueden re­pre­se­n­tar como un circuito de normas en el que se ejecutan las distintas fases dentro de un bucle infinito.

El circuito de normas del risk ma­na­ge­me­nt operativo se puede dividir en cuatro fases:

  1. Ide­n­ti­fi­ca­ción de riesgos (análisis de riesgos I)
  2. Cua­n­ti­fi­ca­ción de riesgos (análisis de riesgos II)
  3. Control de riesgos
  4. Su­pe­r­vi­sión de riesgos

Ide­n­ti­fi­ca­ción de riesgos

Lo primero es la ide­n­ti­fi­ca­ción de los riesgos, en este paso se cla­si­fi­can todos los riesgos de manera in­di­vi­dual según el ámbito, se detectan y se describen sus cua­li­da­des. Este proceso se puede llevar a cabo tanto para toda la empresa como para un proyecto es­pe­cí­fi­co. Las personas con poder de decisión pueden emplear varios métodos para definir el proceso de ide­n­ti­fi­ca­ción y para ga­ra­n­ti­zar que se detectan todos los peligros y todos los focos de daños:

  • Encuestas a expertos y empleados
  • Eva­lua­ción de datos y do­cu­me­n­tos di­s­po­ni­bles
  • Talleres internos de riesgos
  • Visitas a plantas e in­s­ta­la­cio­nes

Al final de esta fase debe haberse elaborado un catálogo de riesgos (también de­no­mi­na­do: in­ve­n­ta­rio de riesgos) completo.

Cua­n­ti­fi­ca­ción del riesgo

En el siguiente paso, se valora cua­n­ti­ta­ti­va­me­n­te cada riesgo in­di­vi­dual en cuanto a su pro­ba­bi­li­dad de ocu­rre­n­cia y sus po­te­n­cia­les efectos. En esta eva­lua­ción, los riesgos no deben tratarse de manera aislada, sino que también se deben tener en cuenta las co­n­se­cue­n­cias que pueden surgir debido a la in­ter­ac­ción de varios riesgos o la acu­mu­la­ción en el tiempo. Este aspecto también se denomina agre­ga­ción de riesgo.

En la cua­n­ti­fi­ca­ción se usan di­s­tri­bu­cio­nes de pro­ba­bi­li­dad o de fre­cue­n­cia. La cifra de medición concreta para valorar un riesgo se denomina valor en riesgo (VaR).

Los pasos 1 y 2 también se denominan de forma conjunta como análisis de riesgos y se co­n­si­de­ran los pasos más difíciles dentro del proceso de risk ma­na­ge­me­nt, ya que no solo se deben detectar y valorar los riesgos ya exi­s­te­n­tes, sino también aquellos que pueden surgir en un futuro. Una vez ana­li­za­dos los re­su­l­ta­dos, se pueden di­s­ti­n­guir aquellos riesgos que presentan una pro­ba­bi­li­dad de ocu­rre­n­cia y un efecto pe­r­ju­di­cial es­pe­cia­l­me­n­te elevados.

Control de riesgos

Bajo el término de “control de riesgos” (en ocasiones también de­no­mi­na­do eli­mi­na­ción del riesgo) se agrupan todas las medidas con las que una empresa puede reac­cio­nar a un riesgo. Por norma general, se di­s­ti­n­guen dos tipos de reacción, la reacción activa pre­ve­n­ti­va y la reacción pasiva co­rre­c­ti­va.

Las medidas activas sirven para reducir la pro­ba­bi­li­dad de ocu­rre­n­cia de los riesgos de­te­c­ta­dos en el análisis de riesgos o para minimizar el alcance de los daños tratando sus causas: así, una empresa puede, p. ej., mejorar su producto y reducir riesgos de re­s­po­n­sa­bi­li­dad. El hecho de evitar un riesgo también es un mecanismo de la pre­ve­n­ción activa, por ejemplo, si se descarta to­ta­l­me­n­te la in­tro­du­c­ción en el mercado de un producto dañino para la salud.

La función de las reac­cio­nes pasivas es tra­n­s­fe­rir las co­n­se­cue­n­cias de que ocurra el riesgo a un portador diferente del riesgo (tra­n­s­fe­re­n­cia del riesgo), por ejemplo, mediante la co­n­tra­ta­ción de seguros o mediante tra­n­s­fe­re­n­cias al mercado de capitales.

No obstante, existe un riesgo residual de que la empresa deba responder por un daño concreto a pesar de todas las medidas de control. Este riesgo no se puede eliminar co­m­ple­ta­me­n­te. Incluso con un análisis excelente, siempre quedan ciertos riesgos de­s­co­no­ci­dos.

Su­pe­r­vi­sión de riesgos

En el marco de la su­pe­r­vi­sión de riesgos se co­m­prue­ban los métodos aplicados en cuanto a su efi­cie­n­cia, idoneidad y efe­c­ti­vi­dad. La su­pe­r­vi­sión puede rea­li­zar­se de dos maneras distintas, que en el mejor de los casos se deben co­m­ple­me­n­tar: la su­pe­r­vi­sión continua en tiempo real y la co­m­pro­ba­ción de riesgos periódica más exhau­s­ti­va. Los re­su­l­ta­dos se tra­n­s­mi­ten lo antes posible a los re­s­po­n­sa­bles co­rre­s­po­n­die­n­tes.

Re­s­po­n­sa­bi­li­da­des dentro de la gestión de riesgos

La gestión de riesgos no es una tarea de una persona in­di­vi­dual, sino que afecta a todos los empleados de una empresa. Aunque es cierto que la dirección de la empresa establece la es­tra­te­gia y la orie­n­ta­ción básica, en su apli­ca­ción operativa pa­r­ti­ci­pan más agentes.

Para repartir la re­s­po­n­sa­bi­li­dad dentro del risk ma­na­ge­me­nt, se emplea fre­cue­n­te­me­n­te el modelo de las tres líneas de defensa (Three Lines of Defense):

  • Primera línea. Durante el fu­n­cio­na­mie­n­to normal de la empresa, los di­re­c­to­res y empleados reac­cio­nan a los riesgos según las es­tra­te­gias definidas mediante la ayuda de un sistema de control.
  • Segunda línea. Los empleados a los que se les han encargado tareas concretas de la gestión de riesgos sirven de ayuda a la primera línea, por ejemplo, mediante la apo­r­ta­ción de métodos concretos o a través del coaching.
  • Tercera línea. Una instancia in­de­pe­n­die­n­te supervisa la gestión de riesgos.

En resumen: el risk ma­na­ge­me­nt como pilar fu­n­da­me­n­tal del éxito

La detección y el control de riesgos son parte fu­n­da­me­n­tal de la cultura co­r­po­ra­ti­va, ya que el risk ma­na­ge­me­nt no solo se lleva a cabo en las altas esferas de la dirección de la empresa, sino que afecta al trabajo cotidiano de cada uno de los empleados.

Si no prevés ni tienes en cuenta las posibles co­n­se­cue­n­cias negativas de tus de­ci­sio­nes, estás co­m­pro­me­tie­n­do la es­ta­bi­li­dad económica de la empresa. Gracias a sus métodos, la gestión de riesgos ofrece las he­rra­mie­n­tas ne­ce­sa­rias para detectar los riesgos de manera clara y no tener que confiar en meros pre­se­n­ti­mie­n­tos. De esta forma, se permite a las empresas tomar los riesgos de forma calculada para asegurar su cre­ci­mie­n­to y su éxito.

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